A Dios le debe gustar lo espectacular. Él despliega sus colores a través del cielo vespertino creando una belleza incomparable. Pero el mayor de los espectáculos es el que toma lugar en el corazón humano en sus días más oscuros.

A Dios le debe gustar lo espectacular. Él despliega sus colores a través del cielo vespertino creando una belleza incomparable. Pero el mayor de los espectáculos es el que toma lugar en el corazón humano en sus días más oscuros.